He venido a decirte una verdad que nunca te dijeron
o que mantuvieron oculta por mucho tiempo…
más bien es una mentira que ha pretendido convertirse en verdad. En realidad es una idea, un recuerdo. Algo que algún día supiste pero que has decidido olvidar y guardar…
guardar por allí, en lo más profundo de tu mente. Ahora solo quiero recordarte que hace mucho tiempo atrás, una pareja inició una danza que parecía prohibida, pero adictiva, placentera. Una mezcla de baile brusco y a la vez delicado que unía a estos dos seres en uno solo; un solo cuerpo, un solo elemento.
más bien es una mentira que ha pretendido convertirse en verdad. En realidad es una idea, un recuerdo. Algo que algún día supiste pero que has decidido olvidar y guardar…
guardar por allí, en lo más profundo de tu mente. Ahora solo quiero recordarte que hace mucho tiempo atrás, una pareja inició una danza que parecía prohibida, pero adictiva, placentera. Una mezcla de baile brusco y a la vez delicado que unía a estos dos seres en uno solo; un solo cuerpo, un solo elemento.
La experiencia era traumáticamente fascinante. No duró mucho, aunque el tiempo pareció detenerse para perdurar una eternidad. Solo puedo decirte que eran cerca de dos millones por un lado y por el otro alrededor de cuatrocientos mil; que parecía una batalla campal de la época medieval, pero como una lotería, o quizás no tan casual sino más bien causal; uno de cada lado tuvo el honor de representarte y a la vez darle paso a tu llegada, como si los líderes de cada bando hicieran las pases y terminaran abrazados en una sola silueta.
Era casi imposible que esta unión ocurriera. Tenían
que conjugarse muchísimos factores, pero aun así se
materializó. Parece mentira decir que tuviste gran
responsabilidad en este acto aunque no estuvieras presente,
no tanto física sino conscientemente.
Regresando a los números, fueron treinta y seis
semanas de un vaivén entre la vida y la muerte, entre
el deseo arraigado y la falta de deseo marcado. De
turbulentos sacudones y pensamientos profundos que
influían en ti y en tu personalidad a cada segundo.
De millones pasaste a ser dos, luego uno. ¡Tú, el
número uno!
Acobijado en un espacio extremadamente pequeño, con la sensación de estar en el espacio exterior o en la inmensa profundidad del mar, sin fronteras, lo que te trasmitía una suave paz y tranquilidad, relajación, en hermosos paisajes contaminados, con muchos peligros inhóspitos. Aun así querías permanecer allí, en ese ambiente cálido, amable, rico y placentero que en todos los aspectos te daba seguridad total, tranquilidad absoluta. Pero paradójicamente, tu salida de ese sitio tan beneficioso para ti, en el momento justo, era la única solución para mantenerte vivo; y esa es la orden a partir de ahora, mantenerte vivo de mente y corazón. pero sobre todo vivo y despierto de consciencia. De pronto llegó el momento más crítico la hora de tu salida, pero que a la vez fue llegada.
Acobijado en un espacio extremadamente pequeño, con la sensación de estar en el espacio exterior o en la inmensa profundidad del mar, sin fronteras, lo que te trasmitía una suave paz y tranquilidad, relajación, en hermosos paisajes contaminados, con muchos peligros inhóspitos. Aun así querías permanecer allí, en ese ambiente cálido, amable, rico y placentero que en todos los aspectos te daba seguridad total, tranquilidad absoluta. Pero paradójicamente, tu salida de ese sitio tan beneficioso para ti, en el momento justo, era la única solución para mantenerte vivo; y esa es la orden a partir de ahora, mantenerte vivo de mente y corazón. pero sobre todo vivo y despierto de consciencia. De pronto llegó el momento más crítico la hora de tu salida, pero que a la vez fue llegada.
Llegó ese desprenderse de la comodidad para entrar a lo nuevo, a lo desconocido,
fue difícil, pero se repitió la historia y saliste con la victoria. Prácticamente no estás naciendo sino ¡renaciendo!
Volvistes a quedar en soledad, aunque estés con
la compañía de muchos. Es necesario que te ayuden,
tú sabes que lo necesitas pero no puedes solicitarlo,
tampoco lo harías si pudieras hacerlo. Eso acrecienta
la inutilidad y la inferioridad de tu ser. Pequeño de
tamaño pero grande de espíritu, vienes a desarrollar
grandes cosas. Cosas importantes por las cuales ya
el mundo no será igual.
El triunfo te acompañó y se convirtió en tu aliado
inseparable. ¿Acaso levantarte diariamente no es un
triunfo? Sí, es verdad, no lo es. ¡Es un milagro! Pero
te hicieron creer lo contrario. Según ellos no fue tu
decisión, pero aunque no lo fuera la soportaste, en
un acuerdo consensuado, una conveniencia personal
apegada a la supervivencia, resistiéndote a morir, y
eso te hace copartícipe. Lo que no saben es que a esa
edad ya decidías con criterio propio.
Eres un sobreviviente, pequeño pero no insignificante,
eres poderoso, guerrero o guerrera, una persona
verdaderamente gigante que soportaste una fuerza
que te superaba en diez veces tu peso, aunque casi te
quedabas sin aire para respirar. Una lucha injusta,
poco equilibrada, y aun así saliste con el laurel. Después de esta gran contienda, con olor a tempestad
y con sonidos a truenos, las heridas de guerra quedaron
dibujadas en tu conciencia, experiencias de intenso
dolor marcadas profundamente en tus células.
Tantas experiencias, tanta tensión, que hasta la excitación
sexual recorrió tu cuerpecito.
Llegó la hora de romper el paradigma que te unía al pasado, el corte más doloroso, el vínculo que te mantenía atado a la respiración de manera inexplicable, pasando a ser uno y a estar solo nuevamente. Después de la tempestad viene la calma, la tranquilidad, la paz interior; vuelve la soledad, pero esta vez de manera positiva, sabia, reflexiva. Llega una luz sobrenatural, un lugar hermoso y único, y aparece nuevamente la seguridad que habías perdido hacía minutos o quizás horas. Pero pronto te das cuenta que a estas alturas están planeando algo grande para ti, pero… tú tienes otros planes que son muchos más grandes aún, y posiblemente en un tiempo no muy lejano se te presentará el dilema entre romper ese plan que tenían para ti o romper el que tú tienes, solo para complacer. Quizás querrás ejecutar el tuyo, el que te nace, el que sientes en lo más profundo de tu ser.
Llegó la hora de romper el paradigma que te unía al pasado, el corte más doloroso, el vínculo que te mantenía atado a la respiración de manera inexplicable, pasando a ser uno y a estar solo nuevamente. Después de la tempestad viene la calma, la tranquilidad, la paz interior; vuelve la soledad, pero esta vez de manera positiva, sabia, reflexiva. Llega una luz sobrenatural, un lugar hermoso y único, y aparece nuevamente la seguridad que habías perdido hacía minutos o quizás horas. Pero pronto te das cuenta que a estas alturas están planeando algo grande para ti, pero… tú tienes otros planes que son muchos más grandes aún, y posiblemente en un tiempo no muy lejano se te presentará el dilema entre romper ese plan que tenían para ti o romper el que tú tienes, solo para complacer. Quizás querrás ejecutar el tuyo, el que te nace, el que sientes en lo más profundo de tu ser.
Comenzó entonces una serie de adversidades que
no hicieron más que darte la oportunidad de convertirte
en un gran ser lleno de éxito, el ser que eres hoy.
Por el contrario, te hicieron verlo con otros ojos, con mirada cabizbaja y apenada marchitando tu espontaneidad,
tu sentir y tu felicidad, intercambiándola por
la excesiva lógica, la amargura y el dolor. Posiblemente
las circunstancias han sido adversas y eso te
ha hecho que olvides lo que en realidad eres.
Te hicieron creer que la culpa, la vergüenza, la
incomodidad, el resentimiento y la ira marcarían tu
vida y destruirían tu existencia. No te enseñaron a
drenar con inteligencia, ni a aprovechar el éxito que
te acompaña desde el inicio, sabiendo que la derrota
y el fracaso, son la primera manifestación obligatoria
de todo triunfo. Aun sabiendo eso, debes entender
que esta vez no. Hoy no, líder. De diez tiros, tal vez
falles nueve, pero éste no. Hoy es hora de acertar. De
dar en el blanco contra toda estadística. Contra todo
pronóstico.
Es hora de perdonar a todos, primero porque es
un acto de amor necesario para la salud de tu corazón;
y más que eso, es un acto de inteligencia que te quita
peso de encima para poder volar. ¡Hónralos y perdónalos! Pero sobre todo ¡Perdónate! Y sí tienes que
perdonarte, pues todas las circunstancias las has creado
tú. las haz planificado tú y las haz vivido tú. Por eso, perdónate.
Te enseñaron a pensar y a buscar por todas partes
una respuesta, y sigues buscando algo que ni siquiera
tienes que encontrar, vas rumbo a un sitio, un objetivo,
una meta que no es más importante que el mismo
proceso para lograrla y todo está en el mismo lugar en que siempre ha estado: dentro de ti.
Lo más importante de todo esto está en la frase que dice el narrador de baloncesto de ESPN cuando un jugador encesta tres triples seguidos: «Lo está sintiendo». Sentir la vida a cada segundo. sentir al creador en cada una de tus células. Sentir al maestro Dios encarnado en ti. Sentir la energía del universo en un solo cuerpo, el tuyo. Tan diferente a todos y tan parecido a cada habitante. Somos uno. Te sientes un espectador y lo eres, pero también eres el protagonista principal y a la vez el director de la película. Tan complicado, pero tan fácil.
Es hora de que te hagas consciente de lo sucedido, pues no existe un manual o unos pasos a seguir; si hay algo que tienes que seguir, es una voz que habla muy bajo y para escucharla debes concentrarte, pues has estado atado a una cadena que es necesario romper para liberarte. No existe otra forma. No se trata de control, no se trata de romper para controlar, se trata de romper para mover. Porque eres energía y la energía debe moverse y no estancarse. Eso eres tú, energía, y debes estar en constante movimiento. No se trata de correr o caminar, se trata de ejercer acciones que muchas veces requieren movilizar pensamientos y sentimientos más que otra cosa.
Lo más importante de todo esto está en la frase que dice el narrador de baloncesto de ESPN cuando un jugador encesta tres triples seguidos: «Lo está sintiendo». Sentir la vida a cada segundo. sentir al creador en cada una de tus células. Sentir al maestro Dios encarnado en ti. Sentir la energía del universo en un solo cuerpo, el tuyo. Tan diferente a todos y tan parecido a cada habitante. Somos uno. Te sientes un espectador y lo eres, pero también eres el protagonista principal y a la vez el director de la película. Tan complicado, pero tan fácil.
Es hora de que te hagas consciente de lo sucedido, pues no existe un manual o unos pasos a seguir; si hay algo que tienes que seguir, es una voz que habla muy bajo y para escucharla debes concentrarte, pues has estado atado a una cadena que es necesario romper para liberarte. No existe otra forma. No se trata de control, no se trata de romper para controlar, se trata de romper para mover. Porque eres energía y la energía debe moverse y no estancarse. Eso eres tú, energía, y debes estar en constante movimiento. No se trata de correr o caminar, se trata de ejercer acciones que muchas veces requieren movilizar pensamientos y sentimientos más que otra cosa.
Hoy solo he venido a recordarte que eres un líder,
eres una líder y lo sabes. Sabes que tienes el potencial
para ganar. Muchas veces te da vergüenza la victoria,
no tanto por ti sino por la pena de lo que le suceda al
otro. Pues el otro también es un líder que no ha podido
tener su victoria, porque no ha querido o porque no
se lo han dicho, pero sobre todo porque esta trabajando en su maestría y cada experiencia es requerida por su alma para despertar. Tu destino es hablarle pero no quedarte
con él o ella. Su victoria es de él mismo y tiene
que conseguirla con sus manos, quizás con algo de
ayuda, pero no a empujones. Ahora, su victoria jamás afectaría la tuya, al contrario,
son complementarias.
Procura que la victoria del otro no te incomode, pues el universo es tan abundante que para todos hay. El sol sale para todos. La peor de las creencias que puede tener un ser humano y la más apartada de la realidad, es la que reza borrósamente que el universo es escaso y que sólo hay pocos recursos. Si alguien toma algo, eso se acabará y no alcanzará para todos. Pues resulta que el universo es infinito, así como la mente, así como la creatividad, como la riqueza y la abundancia. No debe ser motivo de vergüenza tener o no tener algo. Con humildad y con valentía, con transparencia y sencillez, con sinceridad y orgullo agradece lo que tienes o lo que te falta.
Siempre has sido un ganador, siempre has sido el líder, la líder. Siempre has sido el número uno. Porque tú estás aquí únicamente para llevar a cabo algo. Una verdad. Una idea que algún día supiste. Algo de lo que en algún momento estuviste seguro y convencido, pero que guardaste en lo más profundo de tu ser y quizás has decidido olvidar. Y hoy solo estoy aquí para recordártelo.
Procura que la victoria del otro no te incomode, pues el universo es tan abundante que para todos hay. El sol sale para todos. La peor de las creencias que puede tener un ser humano y la más apartada de la realidad, es la que reza borrósamente que el universo es escaso y que sólo hay pocos recursos. Si alguien toma algo, eso se acabará y no alcanzará para todos. Pues resulta que el universo es infinito, así como la mente, así como la creatividad, como la riqueza y la abundancia. No debe ser motivo de vergüenza tener o no tener algo. Con humildad y con valentía, con transparencia y sencillez, con sinceridad y orgullo agradece lo que tienes o lo que te falta.
Siempre has sido un ganador, siempre has sido el líder, la líder. Siempre has sido el número uno. Porque tú estás aquí únicamente para llevar a cabo algo. Una verdad. Una idea que algún día supiste. Algo de lo que en algún momento estuviste seguro y convencido, pero que guardaste en lo más profundo de tu ser y quizás has decidido olvidar. Y hoy solo estoy aquí para recordártelo.
Eres un
líder. Proponte lo que desees. No escatimes en pequeñeces, tú lo sabes. No te engañes tú mismo o tú misma
con una mentira que parece personal. Y arranca hoy.
No quiero que seas otro, sino aquel que llegó primero
entre millones, aquel que escogió entre cuatrocientas mil opciones, dejando a todas las demás por
fuera y llegando al momento en el que estamos.
Se acerca la hora de que vuelvas a ser tú, el líder
que tu espíritu espera que seas. El hombre o la mujer
que tiene una misión, que no es más que la de ser
feliz primeramente, para poder ayudar a que otros
consigan su felicidad.
Perdona y aprende de tu pasado, vive y ama tu
presente, planifica y construye tu futuro. Inicia hoy,
porque hoy es tu día. Hasta luego, número uno. Hasta
pronto, líder.

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