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No importa lo que digas...

Escribí un libro sobre este tema se llama La Comunicación de los Líderes y sus doce secretos. Hice una investigación profunda sobre el tema, lo puse en práctica, hemos ayudado con esas técnicas a muchas instituciones para funcionar mejor internamente, pero tengo que hacerte una confesión y parece mentira. Y la verdad es que pude comprender bien este concepto de la sintonía fue en una situación que me ocurrió con mi hijo de seis años.
Iba a buscarlo a la escuela y justo al llegar a la puerta del colegio me detengo a esperar a que salga. De pronto observo a un heladero (por qué siempre hay un heladero en la puerta de un colegio. Parece una conspiración). Sale mi hijo y sin saludarme me dice;
-Papá quiero un helado. (Los niños siempre tan espontáneos).
Le digo: -hola papi-
Me reviso los bolsillos y noto que no tengo efectivo. Entonces le digo que en este momento no tengo efectivo que en otra ocasión con todo gusto le compraré el helado. Y él prosiguió más enérgico, gritando alto y con tono de berrinche creciente mientras me halaba por la pierna del pantalón bruscamente;
-Papá quiero un helado. Un helado. ¡UN HELADO! ¡UN HELADO!
Habían varios padres y profesores alrededor y voltearon a mirarme, podía escuchar el murmullo de todos (no sé si eran ideas mías) lo cierto es que me estaba muriendo de la pena porque sentía que todas las miradas venían hacia mí. La verdad uno no sabe cómo reaccionar a esas situaciones embarazosas con los niños en público porque siente que haga lo que haga, nunca lo hace bien.
Yo pensaba (si estuviéramos en la casa le hubiese dado un solo chancletazo) “wapaz” y resuelto el problema.
Siempre hay una señora entre la gente que mira y dice en voz alta y con tono arrogante meneando los hombros y con la cara alzada;
-Ni si quiera tiene autoridad para controlar a su hijo-
Pero si tú reprendes al niño, entonces dice que te va a denunciar a la protección del niño. ¡Uf! Un verdadero dilema. La verdad es que: joden, joden, joden.
De modo que ese momento parecía eterno y yo mirando al niño diciéndole en voz baja y con la boca de lado casi susurrando; -Más tarde te compro uno. Ahora no tengo efectivo- y eso era como echarle leña al fuego.
Hasta que lentamente salió la maestra. Se acercó al niño. Se agachó colocando su cara a la altura de la de él y los ojos paralelos frente a frente. Él se fue aquietando poco a poco mientras ella con voz muy suave y asertiva le dijo:
-En este momento papá no tiene efectivo, en otra ocasión con todo gusto te comprará el helado-.
Mi hijo se quedó inmóvil. Quietecito, casi ni respiraba. Derechito.
En ese momento me quede extrañado y pensé (le hace más caso a la maestra que a mí que soy su papá).
Y continué pensando (como han cambiado las cosas. Antes cuando un niño se portaba mal la maestra decía; el niño no entra a la escuela hasta que no venga con su papá. Hoy cuando mi hijo se porta mal yo le digo; aquí a la casa no entras hasta que no vengas con tu maestra).
Después de esa escena que concluyó con mi hijo yéndose conmigo de muy buena manera y todo en serena paz, me di cuenta que eso que vivió la maestra al comunicarse de forma asertiva con mi hijo se llama sintonía.
La sintonía significa en muy pocas palabras: “No importa lo que digas sino cómo lo digas”.
La forma como manifiestas lo que quieres decir juega un papel de proporciones gigantesca en cuanto a la comunicación.
La maestra se agachó, se puso a su nivel literalmente hablando y el mensaje llegó con toda efectividad.
Colocarse a nivel, por ejemplo si la persona está sentada usted también puede sentarse o adoptar posturas corporales similares. Otro aspecto es igualar el tono de voz, por ejemplo si la persona habla bajo usted también puede hacerlo e ira incrementando la confianza. Lo mismo puede lograrse con gestos. Todas estas técnicas son herramientas muy poderosas en la comunicación que dan valor al concepto de “no importa lo que digas sino como lo digas” y que desarrollo ampliamente en mi libro La Comunicación de los Líderes y sus 12 secretos.
Hay personas que nos están corrigiendo o haciendo alguna observación y casi no nos damos cuenta incluso nos agrada. Resulta que estas personas mientras se comunican están en sintonía. Es agradable al oído sus palabras y a la vista los gestos que utilizan para comunicarse. Es agradable como una emisora de radio que está bien sintonizada contrario y desagradable si la emisora está mal sintonizada y no se escucha bien.
Por el contrario hay personas que están diciendo cosas buenas de ti, te están alabando o haciéndote un cumplido y no te agrada lo que están diciendo. Porque en este caso no importa el contenido sino la forma como lo dicen.
La maestra consciente o inconscientemente me dio una gran lección de lo que es sintonía y como aplicarla en diversos ámbitos. En los negocios, en las terapias, en la academia. El mensaje es muy claro, vamos a confiar en la gente que se parezca a nosotros o en quien comparta intereses similares. Vamos a confiar en las personas con las que podamos hacer clic y entrar en sintonía. Esto nos va a permitir aumentar profundamente nuestro poder de convencimiento mientras nos comunicamos y sobre todo aumentar el liderazgo.
 Y por supuesto me queda muy claro el principio de la sintonía: “no importa lo que digas sino como lo digas”.

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